Pascual Scardaccione durante más de 30 años se dedicó a coleccionar juguetes nacionales e internacionales y ahora lleva adelante el Museo Argentino del Juguete en El Calafate

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“La infancia es una edad de oro en la que uno se siente tan a gusto que no desea abandonarla nunca”, citaba Juan Ramón Jiménez en su Platero y yo. Algo parecido se mueve en el alma de quienes se contactan con las más de 15.000 piezas exhibidas en el patagónico Museo Argentino del Juguete, en El Calafate, que fue levantado para agradecer por la llegada de un hijo muy deseado.

Desde joven Pascual Scardaccione, un coleccionista criado en el barrio porteño de Parque Patricios, se interesó por coleccionar cámaras fotográficas, que en aquella época eran muy codiciadas y valoradas. En 1976 abrió un local en el microcentro de Buenos Aires, dedicado al negocio de vender y comprar esos equipos. “Pero ocurre que de pronto, alguien viene a venderte una cámara y además te ofrece otros productos”, cuenta Scardaccione. Así fue como aparecieron los primeros juguetes en su poder.

Al principio desconcertado, Scardaccione recuerda que buscó el asesoramiento de otros coleccionistas, de los que abundan en el barrio de San Telmo, quienes lo estimularon para que siguiera acopiando juguetes y otras antigüedades relacionadas con la infancia, y así lo hizo durante más de treinta años. Todos los juguetes son hechos entre 1870 y1970.

Un día de 1995 decidió reiniciar su vida en El Calafate. “Vine la primera vez solo de paseo. Pero me encantó el lugar”, confiesa en diálogo con La Nación.

Cuando se instaló en El Calafate, abrió un par de negocios de ramos generales, con mucho souvenir para el turismo. En esos años había sólo 3000 habitantes, pero la villa turística prosperó rápidamente. Hoy cuenta con más de 20.000 pobladores y un turismo nacional e internacional es intenso.

Efectivamente, esta ciudad se convirtió en el punto central de las actividades turísticas que se ofrecen en la región, entre las que se incluye la visita al Museo del Juguete, que ha sido declarado de Interés Turístico Nacional. Pero seguramente Pascual no soñaba con tanto, cuando decidió establecerse en El Calafate, donde formó una familia junto a la joven lugareña Karina Saenz, quien actualmente es la directora creativa del museo.

El Museo Argentino del Juguete en el centro de El Calafate está por cumplir 10 años
El Museo Argentino del Juguete en el centro de El Calafate está por cumplir 10 años

Scardaccione sabía que ser padre no iba a ser fácil para él, pero tratamiento mediante, la pareja pudo lograrlo. “Cuando mi esposa vino con la buena noticia me quedé mudo, en shock, no sabía qué decir, qué hacer, era tanta la felicidad que me desbordaba”, rememora emocionado.

“En aquel momento Karina me dijo: ¿no sabés qué hacer? Tenés que levantar el museo. Sabíamos que era una tarea titánica, pero también era una forma de agradecer a la vida por el milagro de la llegada de Vito”.

“En aquel momento –continúa- Karina me dijo: ¿no sabés qué hacer? Tenés que levantar el museo. Sabíamos que era una tarea titánica, pero también era una forma de agradecer a la vida por el milagro de la llegada de Vito”.

“Así que la iniciativa de construir el museo fue de Karina que, como pasa con las mujeres, generalmente van un paso adelantadas”. Entonces ambos, metidos en un enorme depósito de juguetes, asesorados por especialistas, fueron clasificando y ordenando cada pieza, porque todas tienen indicada su procedencia y fecha de fabricación. La obra comenzó en 2007 y el 11 de noviembre de 2012 el museo fue inaugurado. Fue un doble festejo, porque a la par llegaba el segundo hijo: Cosimo.

En 1200 metros cuadrados, se exhiben miles de antiguos juguetes, libros, revistas, y muchas otras piezas que se renuevan
En 1200 metros cuadrados, se exhiben miles de antiguos juguetes, libros, revistas, y muchas otras piezas que se renuevan

En pleno centro comercial de El Calafate, el Museo Argentino del Juguete se apresta a celebrar su primera década de vida, que desde el cartel de la entrada invita a realizar “Un feliz viaje al pasado” por las diversas salas que ocupan un total de 1200 metros cuadrados, adonde se exhiben miles de antiguos juguetes, libros, revistas, y muchas otras piezas que se renuevan y que permiten evocar pasajes de la infancia entre mediados del siglo XIX y del XX, en la Argentina y en el mundo.

“Aquí los niños se admiran, porque en general ven artículos desconocidos, y los grandes se emocionan hasta las lágrimas al ver algunos juegos que tuvieron, otros que no pudieron tener, y otros que nunca conocieron”, describe su propietario.

El museo tiene nueve salas que ocupan dos plantas, en las que se distribuyen unos 15 mil juguetes nacionales y extranjeros
El museo tiene nueve salas que ocupan dos plantas, en las que se distribuyen unos 15 mil juguetes nacionales y extranjeros

Marcas famosas

En sus inicios el Museo se llamó “Cien años jugando” y luego quedó simplificado al centenario que abarca: “1870-1970″. “Hasta que un día, -recuerda Scardaccione- cuando Vito tenía 10 años, me pidió ayudar en la boletería y al darle las entradas y el catálogo a una familia, les deseó espontáneamente: Que tengan un feliz viaje al pasado. Lo escuché y le robé la frase” para rebautizar el lugar, cuenta el padre con orgullo.

El museo tiene nueve salas que ocupan dos plantas, en las que se distribuyen unos 15 mil juguetes nacionales y extranjeros. Entre los argentinos, los hay de madera, fabricados en emprendimientos familiares, entre 1940 y 1970, y una colección de juguetes Matarazzo, que “fue la fábrica más importante del país y de América Latina en esa época. Producían más de 5 mil por día, antes de dedicarse a los fideos”, comenta Scardaccione.

Por mencionar algunos, hay autos de marcas europeas famosas, como Bing, Marklin y Rossignol; y juguetes a cuerda de firmas importantes por aquellos años, como Lehman, Payá, Ingap, Koheler, Ferdinand Strauss, Guntherman, Cabdy, Orobor, entre otras, y también un pin ball, un juego de hockey y máquinas tragamonedas de los Estados unidos, de 1950.

Hay autos de marcas europeas famosas, como Bing, Marklin y Rossignol y juguetes a cuerda de firmas importantes por aquellos años, como Lehman, Payá, Ingap, Koheler y Ferdinand Strauss, entre otras
Hay autos de marcas europeas famosas, como Bing, Marklin y Rossignol y juguetes a cuerda de firmas importantes por aquellos años, como Lehman, Payá, Ingap, Koheler y Ferdinand Strauss, entre otras

No faltan montones de juguetes de Japón y de China, autos coleccionables a escala Tri-ang minic; autos en escala Dinky Toys, barcos, trenes, camiones, juguetes Meccano, juegos de mesa y metegoles, chiches económicos de plástico que suplantaron a los de hojalata; y un sitio especial donde se lucen los muñecos del espacio y los robots.

Por supuesto que hay variedad de bebés y muñecas, entre las que sobresale la Shirley Temple, preferida por entonces de las niñas, marionetas, sonajeros, cosméticos infantiles, cunitas, cochecitos de paseo, vajillas en miniatura y figuritas. Entre los muñecos se encuentran los más famosos personajes de historietas y de la televisión argentina, como Anteojito o Clemente, y de los más famosos del mundo, como Carlitos Chaplin y toda la familia Disney.

Paseo con videos

Entre las distintas salas del museo sobresale la Escuela Argentina, que reproduce un aula de la década del 50, con sus pupitres, cuadernos de varias marcas, libros de lectura, útiles escolares, boletines de calificaciones, y el timbre que anunciaba el recreo.

En la última de las salas, llamada Fundación Eva Perón, se exhiben juguetes que “se obsequiaban en aquellos años a los niños de todo el país que sus padres no se los podían comprar”, además de bibliografía y otros objetos de valor histórico. “Rescatamos en este espacio la obra social que se realizó, teniendo en cuenta que se repartían cuatro millones de juguetes por año”, precisa el empresario.

El museo sigue sumando piezas que compra y otras que recibe en donación
El museo sigue sumando piezas que compra y otras que recibe en donación

Un aporte interesante son los materiales filmados que animan todas las salas, relacionadas con el tema de cada una. Entre otros, en la de personajes de la televisión pasan cortos del Topo Gigio y de Petete; en la de cine y tv, series de Los Tres Chiflados y del Zorro, y también hay videos de los juguetes funcionando.

Un aspecto que llama la atención es la cantidad de afiches de cine y de publicidad, y la variedad de revistas que visten el lugar. Una turista que grabó un video -porque se puede y también sacar fotos- comentaba que se le habían irritado los ojos de tanto que hay para mirar.

El museo sigue sumando piezas que compra y otras que recibe en donación. “Hay gente que antes de tener guardado un juguete valioso que perteneció, por ejemplo, a una abuela, le parece buena idea que sea expuesto aquí, adonde además, le colocamos el nombre de quien fue su dueña”, explica Scardaccione.

El lugar cuenta con un almacén de antigüedades, en la cual hay desde latas de galletitas, envases de golosinas y de distintos artículos para el hogar, carameleras, alcancías y relojes, hasta las cámaras fotográficas con la que comenzó la historia de Pascual como coleccionista. Finalmente, antes de la salida, una tienda de artículos coleccionables y recuerdos del museo ofrece para la venta souvenirs de todo tipo.